A la hora de abordar un desafío tan grande como: “queremos que la basura deje de existir”, entramos en un juego completamente distinto al de una dinámica de trabajo rutinaria. 

Cuándo empezamos con este recorrido, no sabíamos a lo que nos enfrentabamos, pero sí sabíamos y creíamos, que el camino era el correcto, y que teníamos que seguir avanzando. Que la vida sola nos iba a traer las respuestas. 

A decir verdad, proponerse un reto así, podría compararse emocionalmente al tratar de escalar una montaña realmente grande. Muy grande. 

Mirándolo ahora en perspectiva, los primeros años creo que solo recorrimos la base. Estábamos buscando por donde empezar a subir. Buscamos por un lado, por otro, y muchos caminos no llevaron a ningún lado. “Están intentando algo inútil” nos decían algunas voces. ¡Algunas de ellas muy queridas! Llegamos a enojarnos, a frustrarnos. Sin embargo seguía encendida una voz que nos decía: “es por ahí, lo único que tienen que hacer es seguir avanzando”.

Las ideas eran brillantes, y estaban por todos lados. Muchas de ellas fueron quedando en el camino, y eso también sumaba a la frustración. De mirar la montaña ni hablemos, es algo que para nosotros era mejor hacer de reojo. Preferimos mirarnos los pies, concentrarnos en nuestra tarea e ir dando cada paso, con cautela.

Hoy, nuevamente, volvió a aparecer como un gran detractor de nuestro avance, la duda. ¿Y para qué voy a compostar, si mi aporte es mínimo? ¿Y para qué voy a reciclar, si no sabemos si después juntan todo?

La duda para la acción, muchas veces es como viento en contra. Tenemos un trabajo constante de acallar, con mucha paciencia, aquellas voces que dudan, sobretodo en los momentos menos indicados. Es el equivalente a mirar a la montaña y pensar “no llego más”. ¿Qué sentido tiene este pensamiento, si lo que quiero es llegar?

Entendimos que cada paso que damos, no lo damos solos, que lo que estamos haciendo avanzar es un colectivo. Entendimos que avanzando muy de a poco, lo que estamos haciendo es contagiando.

Entendimos que cada milímetro que se achica esa montaña, es un milímetro ganado. Entendimos que en la naturaleza, lo que tarda en crecer, muchas veces es duradero, y que la velocidad de nuestra era, es engañosa.

Entendimos que es preferible avanzar ese milímetro en el sentido correcto, que varios pasos sin sentido. 

Entendimos que en esto, no estamos solos. Cada familia nueva que recicla, que composta, que elige un producto sano de la feria, nos hace avanzar. Cada vez que nos alegramos por un logro ajeno, que ayudamos a un compañero para sobrellevar el día a día, cada vez que transformamos nuestros malos tratos en caricias, avanzamos. Milímetro a milímetro, con constancia, algún día vamos a llegar. Y si no nos toca a nosotros, a los que vienen atrás, les va a tocar.

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2 comentarios

Lilén · 14 julio, 2020 a las 10:18 pm

Que reconfortante es leer esto y saber que no estoy loca! =)

    Martin Almiña · 15 julio, 2020 a las 9:58 am

    jajaj somos muchos.

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